Segundas partes nunca fueron buenas

Ésta es otra de esas conclusiones de deducción empírica que sólo se alcanzan tras algún que otro tropezón de metro ochenta y cafés tomados a medias con aventureros sentimentales a los que les caen los mismos palos pintando siempre en bastos.
Qué difícil es resignarse al se acabó. Qué duro de derrotar el gusanillo -o más bien anaconda- que nos pide más y más. Qué pocas las ganas de retomar el camino de la soltería cuando la encrucijada de la compañía termina en punto muerto. Qué pereza, cojones.
En ocasiones no queda otra. El ultimátum es inapelable, bien por una parte, bien por otra. A veces es uno mismo quien no quiere volver ni muerto a verle la jeta al o a la indeseable de turno, y deja tras de sí un rastro de momentos compartidos que apresura a guardar bajo llave, caricias a disgusto y más de una pertenencia extraviada en la propiedad del otro. Pero en las prisas de huir puedes abandonar hasta a tu madre en casa del ex. Ya la llamarás.
Pero no siempre es así. Con el tiempo, comienzan a pesar otras cosas. Quizá la ausencia se haga menos ligera de lo que hubieras esperado, y los días y meses ponen ante tus ojos la lente de la tibieza. No era tan malo, tenía cosas buenas, o quizá fui muy dura con él, o un directamente martirizado es que me lo merecía. La capacidad de excusar a terceros que tienen algunas personas raya lo sobrehumano.
Y vuelven.

He visto todo tipo de segundas partes. Relaciones que terminaron porque ella se portó como la directora de la sección de castigos irónicos del infierno y que al retomarse, se volvieron las tornas para convertirla a ella en una especie de marioneta descabezada en manos de una pareja rencorosa que hacía su agosto en el sentimiento de culpabilidad ajeno. Otras que acabaron como el rosario de la aurora y que se retomaron tantas veces que se perdió la cuenta, cada vez con peor y más doloroso resultado. Alguna hay por ahí que pagó infidelidad con infidelidad para zanjar cuentas pendientes.
Pero por muy diversas que sean las situaciones en las que se dieron, todas tienen dos cosas en común: la relación inicial terminó con juramentos y exhortaciones a la voluntad propia de no volver a caer en semejante pozo de inmundicia, y ninguna de estas secuelas duró o concluyó con buenos términos. Y es que salvo excepciones contadas en las que hay una voluntad real de cambio por ambas partes, un tiempo prudencial para poner esta voluntad en práctica y unas cuantas charlas vomitando sinceridad por los poros, la mayoría de las segundas partes se ven motivadas por la nostalgia, por echar de menos y hasta por pereza. Muchos se autoconvencen de que todo tiempo pasado fue mejor, espoleados por unos sentimientos que pesan más que los errores cometidos y que el mal sabor de boca que suelen dejar las rupturas poco amistosas.
Pero volver por volver, retornar a una relación que falló sin hacer absolutamente nada diferente, no durará. Pasarán días, semanas, quizá meses sin que surjan los problemas, manteniéndolos bajo una alfombra de aparente felicidad. Pero la mierda está ahí, amigos, hasta que no la limpias. Y las ilusiones de normalidad y de cambio, sin un esfuerzo real, no son más que eso. Ilusiones.
Escuchando | Hard Fi - Better Do Better

Si en los posts anteriores has comentado situaciones o circunstancias sobre las que se puede reflexionar y llegar a conclusiones diferentes a las que tú llegas, en este caso, la verdad, no hay vuelta de hoja, no se puede criticar absolutamente nada de nada de lo que dice, porque aunque duela, es totalmente cierto.
En ocasiones la gente vuelve a la situación previa porque hay miedo, y síguen el viejo dicho popular de mejor malo conocido que bueno por conocer. Se resignan a seguir con una relación en la cual no hay nada, por no haber no hay ni bullas (que aburrimiento), no hay pasión y se está como 2 marsopas esperando que pase el tiempo.
Lo dicho insuperable, no se puede expresar mejor esa situación.
Muchas gracias, osopanda, y la verdad, es una lástima que las cosas sean así. Ojalá apareciera alguien diciendo que su segunda parte fue una pasada, vivieron felices y comieron perdices… Pero no tiene pinta, ¿verdad?
La verdad, de toda gente que conozco, ninguna ha vuelto tras romper una relación, es un poco fuerte pero creo que si se ha dado ese paso ya no hay vuelta atrás, y si la hay es bien porque la gente no sabe lo que quiere de la persona con la que está o bien son muy infantiles, COÑO, que el amor es una cosa muy seria, no se puede andar jugando con la gente.
Sinceramente cuando se rompe, lo mejor es hasta luego Lucas y si te he visto no me acuerdo, romper pero romper de verdad, no andarse con hostias.
Perdón por el tono, pero es lo que hay.
Yo una vez esuché un grupo que no me gustó nada y tras varias nuevas escuchas se convirtió en uno de mis favoritos, a veces segundas partes sí son buenas.
El problema, creo yo, es que la gente inicia las relaciones un poco a lo loco. Ve un tio/tia bueno/a y ahí que vamos, y luego dios dirá… “nosotros vamos a probar a ver lo que sale de ahí, que más tarde ya nos iremos conociendo”, cuando, creo yo, al principo dos personas se conocen y luego que pase lo que tenga que pasar.
¿Cuántas veces habré visto yo la típica chica guapa pero que cuando ya la conoces unas 2 semanas te resulta un ni fu ni fa? Y viceverasa.
Eso está bien, no digo yo que no, pero la gente que conozco que ha hecho eso normalmente no les veo muchas inquietudes en la vida, que se resumen en: trabajar/estudios - fin de semana - fo**** con la pareja - salir de fiesta.
¡ojo! que yo no digo que esto sea mejor ni peor, es otra forma de verlo y si son felices, pues perfecto… pero cuando uno es así y otro no es así, que es lo que suele pasar cuando se conoce a alguien con las prisas una noche, es cuando llegan luego los mal entendidos y el dejar a medias una relación, que dificilmente se podrá retomar si no hay algo en común, creo yo.
En el fondo todo el mundo me dice, cuando les digo esto, que perfectamente una pareja se puede complementar, aun siendo muy diferentes… pero también les digo yo: “si pero tu en el fondo también buscas alguien parecido a ti… no me lo nieges”, aunque no todo hay que hacerlo tan mecánico ni todo es tan simple.
Resumiendo, yo tampoco creo en las segundas partes y más si en la primera se faltó al respeto por alguno de los dos.
Bueno… no se el porqué, pero al terminar de leer esta entrada me dieron ganas de escuchar “Special Needs”, así que a ello voy.
Kaoru, estaba escribiendo un comentario sesudo esta mañana sobre esta entrada… y lo borré sin querer. Bueno, venía a decir más o menos lo que te decía por el Gtalk, uno: siempre acertada y mordaz, como se espera de una buena CdH; y dos: te quiero, querida, y lo sabes
Terapia vía Skype y podcast!
(sabes que voy a hacer palomitas, verdad?)
Una vez más estoy de acuerdo con Fuste, yo estoy de acuerdo en que todos nos merecemos una segunda oportunidad, pero cuando una relación se rompe generalmente es por algo, y no hay que engañarse, las heridas siempre dejan cicatrices que muchas veces duelen más que la propia herida. Todos o casi todos hemos retomado relaciones rotas y el resultado ha sido más doloroso todavía que el de la primera ruptura. Pensamos que vamos a cambiar, que esta actitud nos da derecho a pedir al otro/a que haga lo mismo, y al final volvemos a lo de siempre, esperamos que la otra persona satisfaga nuestras espectativas (el mayor errror que se puede cometer, en mi opinión) y resulta que después de todo tenemos una sobredósis de frustración, de resentimiento, de dolor añadido a todo lo anterior, y no nos engañemos, si la primera vez no funciona, ¿por qué iba a funcionar la segunda, tercera, cuarta…?
Ay Dios, creo que soy reincidente.
Féliz noche de sábado a todos. Besos.
hubiese jurado que esto era un post de señorita peel :S
ansiosa por escuchar el podcast dichoso XD
bicos!
Las segundas oportunidades funcionan cuando lo que falla es algo circunstancial: Una rutina, un problema concreto, un agobio… Si lo que falla es algo básico de la relación (el caracter de alguno de los dos o de los dos, los objetivos en la vida, las aspiraciones, los sueños, el estilo de vida…) no habrá forma de solucionarlo, especialmente si no hay intención de dar el brazo a torcer por ninguna de las dos partes. Ya no digo si son las dos cosas, como me pasó a mi en mi ultima relación: A pesar de muchos parecidos, nos diferenciabamos en cosas esenciales (donde queriamos vivir, como queriamos pasar cada fin de semana del resto de nuestra vida…), y encima mi ex entró a saco en la relación, exigiendome desde el primer dia que nos conocimos una entrega absoluta como si estuviesemos casados desde hace 20 años. Los padres metidos hasta en la sopa.
Mierda de relaciones…