Culo de mal asiento

No son arpías posesivas, ni siquiera malas amigas, pero son potencialmente igual o más peligrosas que cualquiera de las hembras pertenecientes a estas dos categorías.
Una poseedora de un culo de mal asiento es divertida, absolutamente incapaz de pasar más de 10 minutos haciendo lo mismo. No la verás jamás realizar actividad alguna con un mínimo de constancia. Está física y mentalmente inhabilitada para permanecer interesada en algo el tiempo suficiente como para obtener algún beneficio de ello. Se cansa. Se cansa tan rápido que pasa de un hobbie a otro, de una idea a la siguiente sin que tú hayas tenido todavía ocasión de aclimatarte a la anterior.
Quizá su absoluto desconocimiento del significado de la perseverancia te resulte reprobable, pero hay algo en ella, ese aura de brevedad, de ligereza, casi etérea, que te atrae como a don Pimpón una cama de velcro. Exacto: masoquismo. Aquellos a los que les guste la aventura intentarán atarla a su lado, tratarán de domarla para enclaustrarla en un mínimo de rutina; otros con complejo de padre querrán tomarla bajo su ala protectora y enseñarle el camino de la madurez y la vida adulta; alguno habrá que esté demasiado encorsetado en su día a día y necesite a alguien que añada a su vida esa chispa de emoción que rodea a todo lo que hace un culo de mal asiento.
Ninguno triunfará. Porque el culo de mal asiento es totalmente alérgica al compromiso. Posiblemente lo desee en su fuero interno, agotada de florear por ahí cual abejilla celosona. Pero otra de sus características innatas dará al traste con cualquier posibilidad de atadura. Es absolutamente incapaz de mantener el interés en nada que haya conseguido. Es una luchadora fiera, se empeña con cabezonería en todo lo que inicia… hasta que logra su objetivo, el cual termina desechado en tiempos físicamente imposibles de analizar. Le gustan las batallas difíciles, las que rozan lo imposible, las que son inabarcables para el común de los mortales. Pero si algo que a priori parecía infinitamente lejano se descubre al alcance de la mano, toda su inconstante determinación pasará a otra tarea más complicada, desdeñando sin pudor lo que antes clamaba que le era necesario hasta para respirar.

Porque adora la guerra y sufre de urticaria cada vez que su vida se ralentiza en los lodos de la tranquilidad. Por ello siempre está a la busca y captura de un nuevo imposible. Y el tiempo que lo esté será directamente proporcional a la imposibilidad de conseguirlo. Con lo cual, su tendencia a caer en amores platónicos es realmente elevada, como elevada es la hostia que se pegará al ver que su amor platónico la corresponde. Todas las rayaduras mentales hasta convertir su masa gris en fosfatina granulada desaparecerán, y ella evaporará como si allí no hubiera pasado nada.
Porque es adicta a pasarse las horas muertas analizando todas y cada una de las posibilidades que pueden resultar de un acto o palabra. Si estás cerca de ella, casi puedes escuchar las ruedecillas de su cerebro funcionando a todo trapo. Si hay un ser que racionaliza -aunque no siempre de manera lógica- hasta el más mínimo, nimio y desapercibido detalle, es ella.
El principal peligro de una poseedora de culo de mal asiento es que necesitas tiempo para descubrirla realmente. No será hasta que llevéis un tiempo en la relación, cuando veas sus verdaderos colores. Y entonces, te tocará hacer malabarismos con seis pelotas subido encima de una escalera con una sola pata sobre una pompa de jabón para que no salga corriendo como alma que lleva el diablo.
Porque, no te engañes, un culo de mal asiento nunca se quedará quieto.

Y lo peor de todo: compartir una relación con una culo inquieto es horroroso, en el sentido en el que… cada jodida semana es totalmente diferente a la anterior.
¡Constancia!
Es como pedir peras al olmo, me temo…
Querida… sabes que me acabas de definir? Oh. Mierda.
Me he cansado mientras leía, sólo de pensar en un “culo de mal asiento” en el día a día, con lo tranquilillo que soy yo… ¡qué estres!
Dicen que la fé mueve montañas, yo opino que lo que mueve montañas, planetas y hasta el universo entero es el miedo, y algunos comportamientos están motivados básicamente por el miedo, al dolor, al abandono, porque yo no creo en el miedo al compromiso, creo en el miedo a lo que puede venir después. Si te comprometes ocurre que te pueden abandonar, que pueden hacerte daño, que te pueden dejar solo/a y coño, eso asuta. Si te conviertes en un abejorro, de flor en flor, es muy difícil que sufras eso. Sin embargo pienso que lo mejor de la vida es nuestra capacidad para arriesgarnos y llegado el momento, levantarnos cuando nos caemos o nos tiran y a vivir el momento, que mañana Dios dirá.
uff…me he estresado sólo de pensar en el estrés que yo le puedo provocar a la gente con mi constante movimiento. Al menos soy consistente en algo!